Problemas de conducta y gestión de emociones en los niños

 

¿Cuáles son los problemas de conducta en los niños?

Cuando los niños son pequeños, puede ser que no sean capaces de comunicar lo que sienten. De hecho, puede que ni siquiera sepan comprender qué es lo que les provoca estar molestos o que no posean un lenguaje para poder comunicar sus emociones, ya que éste todavía se está desarrollando.

Cuando los niños muestran conductas desafiantes y/o no son capaces de gestionar sus propias emociones, con frecuencia muestran rabietas o problemas de conducta, el primer paso para tratar estas conductas es averiguar cuál es el origen de las mismas.

¿Cómo identificar los problemas de conducta en los niños?

Cuando un niño muestra rabietas frecuentes e intensas, no obedece, muestra dificultad para gestionar sus propias emociones o tiene dificultades para integrarse socialmente con iguales y adultos, puede ser señal de que existen problemas de conducta que deben ser tratados.

Además, el niño puede presentar las siguientes conductas:

  • El niño/a se enfada con frecuencia, especialmente cuando se le impide hacer algo que quiere.
  • Es desafiante a través de la postura y de la mirada
  • No obedece o se resiste a hacer lo que se le indica
  • Culpa a los demás de sus actos
  • Muestra sentimientos de rencor y venganza
  • Miente con frecuencia
  • Muestra falta de empatía ante otras personas u animales.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo/a con los problemas de conducta?

En estos casos, el papel del psicólogo infantil es fundamental. Cuando sospechamos que detrás de esos comportamientos hay algo más, cuando lo que hacemos ya no funciona para controlar la conducta de estos niños es importante que un profesional evalúe al niño y el entorno, y valore si nos encontramos ante un trastorno de conducta o un problema de comportamiento transitorio, así como las causas que lo desencadenan.

Algunas pautas generales a tener en cuenta y que nos ayudarán con los problemas de conducta y gestión de emociones en los niños pueden ser:

  • Establecer normas y límites claros, así como las consecuencias de sobrepasarlos.
  • Evitar los gritos y tratar de mantener la calma en las situaciones de rabieta.
  • Reforzar aquellas conductas adecuadas y positivas e ignorar aquellas que queremos que no se repitan.
  • Tener paciencia y trata de no tomar medidas drásticas que no vayas a poder realizar. Los premios y los castigos deben ser ajustados a la conducta que se haya realizado.
  • No castigar con la retirada de afecto y de cariño.
  • Si estos comportamientos también aparecen en la escuela, fomentar una colaboración con el centro escolar y los profesores.

 

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo/a gestionar sus emociones?

Las emociones son algo fundamental en nuestra vida. Son la reacción individual al entorno que nos rodea. Cada persona percibe la emoción de forma diferente, influenciada por experiencias vividas y dependiendo del aprendizaje, el carácter, del ambiente en el que el niño se desarrolla y de la situación en la que se den.

Las emociones liberan unas reacciones fisiológicas y de comportamiento que son naturales y adaptativas para el ser humano, así como otras pueden ser adquiridas a lo largo de la vida.

Una adecuada gestión emocional ayudará a los niños a desenvolverse mejor en la sociedad, a tener un mayor control de sus emociones y/o conductas, a regular sus emociones positivamente fomentando un bienestar psicosocial en los niños.

Las familias son una parte fundamental en este proceso, ya que son las personas que pasan más tiempo con los niños habitualmente y, por ello, pueden colaborar y/o ayudar a los niños en la enseñanza de sus propias emociones. Igualmente, también figuras de referencia como profesores, abuelos o demás familia pueden colaborar en esta valiosa enseñanza.

 

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