
Funciones ejecutivas en niños: qué son, señales de alarma y cómo potenciarlas
Hay niños que son inteligentes, curiosos, que entienden bien las explicaciones… pero:
Olvidan los deberes continuamente.
Empiezan las tareas y no las terminan.
Se distraen con cualquier cosa.
Se frustran o explotan a la mínima.
Muchas familias viven esto como “es vago”, “no quiere” o “es un despiste”. Muy a menudo, el problema real está en las funciones ejecutivas.
Entender qué son, cómo se manifiestan y qué se puede hacer en casa y en un centro especializado, es clave para ayudarles de verdad.
¿Qué son las funciones ejecutivas en niños?
Las funciones ejecutivas son un conjunto de habilidades del cerebro que actúan como un “director de orquesta”. Gracias a ellas, los niños pueden:
Organizar lo que tienen que hacer.
Mantener la atención el tiempo suficiente.
Recordar instrucciones mientras actúan.
Controlar impulsos.
Cambiar de estrategia cuando algo no funciona.
Sin estas funciones, el niño puede saber la respuesta, pero no ser capaz de demostrarla: se lía, se pierde, se bloquea o se deja llevar por lo que le apetece en ese momento.

Principales tipos de funciones ejecutivas (explicadas fácil)
1. Inhibición y autocontrol
Es la capacidad de frenar un impulso:
Esperar turno sin interrumpir.
No levantarse en mitad de la tarea.
No decir lo primero que se le pasa por la cabeza.
Cuando falla, vemos niños que parecen “impulsivos”, que actúan antes de pensar o que se meten en líos sin mala intención.
2. Flexibilidad cognitiva
Es la habilidad para cambiar de idea o de estrategia cuando la situación lo pide:
Aceptar un cambio de plan.
Probar otra forma de resolver un problema.
Ver las cosas desde otro punto de vista.
Cuando falla, el niño se queda “atascado”: si las cosas no salen como esperaba, se enfada, se bloquea o abandona.
3. Memoria de trabajo
Es la capacidad de retener y utilizar información a corto plazo:
Recordar varias instrucciones a la vez.
Seguir una explicación y luego aplicarla.
Hacer una operación mental sin apuntarlo todo.
Cuando hay dificultades, el niño “pierde el hilo” fácilmente, olvida lo que está haciendo o necesita que le repitan las instrucciones muchas veces.
4. Planificación y organización
Es la habilidad para decidir qué hacer, en qué orden y con qué materiales:
Preparar la mochila.
Organizar el tiempo de estudio.
Dividir un trabajo en pasos.
Cuando falla, vemos agendas vacías o caóticas, trabajos a última hora, olvidos constantes y mucho estrés en casa.
5. Control atencional y concentración
Es la capacidad de dirigir y mantener la atención en lo que importa, filtrando el resto:
Escuchar al profesor aunque haya ruido.
Seguir leyendo aunque haya cosas alrededor que distraigan.
Terminar una ficha aunque no le apetezca.
Cuando el control atencional es débil, el niño “se va” constantemente: mira por la ventana, se pierde en sus pensamientos o en cualquier estímulo que aparezca.
¿Cómo se notan las dificultades en funciones ejecutivas?
En casa
Algunas señales frecuentes:
Tardes de deberes eternas, con muchas interrupciones.
Olvida tareas, libros o materiales con frecuencia.
Necesita que un adulto esté encima para que avance.
Le cuesta empezar las tareas; lo deja “para luego”.
Se enfada o se bloquea cuando algo no sale a la primera.
En el colegio
Los profesores suelen describir:
Trabajos incompletos o mal presentados.
Desorganización en la mesa, la mochila y los cuadernos.
Dificultad para seguir el ritmo de la clase.
Problemas para seguir instrucciones de varios pasos.
Comportamientos impulsivos: contestar sin pensar, levantarse, hablar fuera de turno.
Relación con TDAH, TEA y dificultades de aprendizaje
Las dificultades en funciones ejecutivas aparecen con frecuencia en:
Trastornos del neurodesarrollo (TEA, TDAH, retraso madurativo…).
Dificultades específicas de aprendizaje (dislexia, discalculia…).
No todos los niños con problemas en funciones ejecutivas tienen un trastorno diagnosticado, pero sí es una señal de que necesitan ayuda, porque afecta a su rendimiento escolar, a su autoestima y a la convivencia.
10 ejercicios para trabajar las funciones ejecutivas en casa
Las funciones ejecutivas se entrenan con actividades sencillas, repetidas y con sentido para el niño. No hace falta convertir la casa en una terapia: basta con incorporar pequeños juegos a la rutina diaria.
1. El juego de los colores
Edad: 3–6 años · Duración: 5 minutos
Coloca 4 objetos de distintos colores (rojo, azul, verde, amarillo). Dale una secuencia: “rojo, azul, verde”. El niño debe cogerlos en ese orden. Después cambia la secuencia o añade un color más.
Trabaja: memoria de trabajo e inhibición (escuchar, recordar y no adelantarse).

2. Cuenta hacia atrás con truco
Edad: 4–8 años · Duración: 3 minutos
Pídele que cuente del 10 al 1, pero saltando, por ejemplo, los números pares. Otra variante: contar de 20 a 0 de tres en tres.
Trabaja: atención, flexibilidad y control de impulsos.

3. Ordena tu mochila
Edad: 5–10 años · Duración: 10 minutos
Juntos miráis qué necesita para el día siguiente y hacéis una lista. Después, él solo va cogiendo los objetos y los mete en la mochila comprobando la lista.
Trabaja: planificación, organización y revisión de la tarea.

4. El silencio de los animales
Edad: 3–7 años · Duración: 5 minutos
Jugáis a imitar animales (andar como un elefante, saltar como un conejo…). Cuando digas “¡Silencio!”, debe quedarse quieto, como una estatua.
Trabaja: inhibición motora y control corporal.

5. Memoria de imágenes
Edad: 5–12 años · Duración: 8 minutos
Coloca 6–8 imágenes sobre la mesa. Podéis observarlas 30 segundos, luego las tapas y le preguntas: “¿Qué dibujo había en el centro?”, “¿Qué estaba al lado del coche?”.
Trabaja: memoria de trabajo visual y atención al detalle.
6. Crea tu propia historia
Edad: 6–12 años · Duración: 10 minutos
Dale tres palabras al azar (“nube”, “bicicleta”, “galleta”) y pídele que invente una historia que las incluya. Puede escribirla o contártela.
Trabaja: planificación, organización del discurso y creatividad.
7. El camino de las flechas
Edad: 4–9 años · Duración: 10 minutos
Con cinta o papel, dibuja flechas en el suelo. Da instrucciones como: “Avanza dos flechas, gira a la derecha, salta tres veces”. Más adelante puede ser el niño quien prepare el recorrido.
Trabaja: secuenciación, orientación espacial y memoria de instrucciones.
8. Juego de cambio de reglas
Edad: 5–10 años · Duración: 7 minutos
Jugad a “Simón dice”, pero cada cierto tiempo cambias la norma: ahora hay que hacer lo contrario de lo que diga Simón, ahora solo vale si Simón lo dice dos veces, etc.
Trabaja: flexibilidad cognitiva y adaptación a normas nuevas.
9. El tren de las emociones
Edad: 4–8 años · Duración: 8 minutos
Asignad un color a cada emoción (rojo = enfado, azul = tristeza, verde = calma). El niño debe colocar tarjetas según cómo se ha sentido a lo largo del día o en distintas situaciones.
Trabaja: conciencia emocional y autorregulación.
10. El desafío del día
Edad: 6–12 años · Duración: 5 minutos diarios
Cada mañana elegís un pequeño reto: “Hoy terminaré los deberes antes de cenar”, “Hoy prepararé mi mochila sin que me lo recuerden”. Lo apuntáis en un calendario y lo marcáis cuando lo consiga.
Trabaja: planificación a corto plazo, constancia y responsabilidad.
Estrategias para trabajar las funciones ejecutivas en el aula
El colegio es un lugar clave para entrenar funciones ejecutivas, porque ahí el niño se enfrenta a normas, tiempos, tareas y relaciones con otros.
Algunas ideas que los docentes pueden usar en clase:
Juegos de mesa por turnos (oca, cartas, UNO, ajedrez, etc.): ayudan a practicar espera de turno, control de impulsos, planificación y aceptación de la pérdida.
Actividades de memoria de trabajo: recordar secuencias de palabras, números o instrucciones antes de ejecutar la tarea.
Proyectos en grupo: dividir tareas, fijar tiempos y roles, revisar si se cumplen los pasos.
Uso de agendas y listas de pasos en la pizarra: hacen visible la planificación de la clase y ayudan a los alumnos a no perderse.
Dinámicas de “cambio de regla”: juegos donde las normas cambian y hay que adaptarse (versiones de “Simón dice”, clasificar objetos según criterios que van variando…).
Cuando familia y escuela reman en la misma dirección, el impacto es mucho mayor.
Rutinas y apoyos visuales para favorecer la autonomía
Además de juegos sueltos, es muy útil crear una estructura diaria que apoye las funciones ejecutivas:
Horarios visibles para mañana, tarde y noche.
Un lugar fijo para hacer deberes, con el material necesario.
Listas de verificación (“checklists”) para preparar la mochila, hacer la tarea o recoger la habitación.
Reforzar con elogios concretos los comportamientos que queremos consolidar:
“Hoy has seguido toda la lista sin que te lo recordara, muy bien”.
“Has sido capaz de esperar tu turno aunque te apetecía hablar”.
Las rutinas no son rigidez; son un andamio para que el niño pueda organizarse y, poco a poco, ganar autonomía.
¿Cuándo no basta con ejercicios en casa?
Los ejercicios y las rutinas ayudan, pero no siempre son suficientes. Conviene pedir una valoración profesional si:
Hay suspensos repetidos o mucha dificultad para seguir el ritmo de la clase.
Los deberes son una batalla diaria y generan mucho conflicto familiar.
Hay problemas importantes de atención, impulsividad o conducta.
Ya existe un diagnóstico de TDAH, TEA o dificultades de aprendizaje y, aun así, las dificultades se mantienen.
El niño muestra mucha frustración o baja autoestima por no conseguir lo que se espera de él.
En esos casos, lo recomendable es que un equipo especializado evalúe en profundidad qué funciones ejecutivas están más afectadas y qué tipo de intervención es la más adecuada.
Cómo trabajamos las funciones ejecutivas en los centros Anda Conmigo
En Anda Conmigo las funciones ejecutivas se abordan dentro del Método Anda Conmigo, con un enfoque transdisciplinar:
Participan profesionales de psicopedagogía, psicología, logopedia, terapia ocupacional, fisioterapia y atención temprana cuando es necesario.
Se trabaja en coordinación con la familia y, cuando procede, con el colegio.
Disponemos de:
Programas grupales de Técnicas de Estudio y Funciones Ejecutivas, donde los niños entrenan planificación, organización, atención y autocontrol en un contexto estructurado y social.
Intervenciones individuales, cuando hay dificultades más marcadas que requieren un trabajo más específico.
El objetivo no es solo mejorar las notas, sino ayudar a que el niño desarrolle herramientas internas para organizarse, regularse y afrontar las demandas del día a día con más seguridad.
Las funciones ejecutivas son una pieza clave del desarrollo infantil. No tienen que ver con “ser listo o no”, sino con cómo el cerebro organiza, regula y dirige la conducta.
Se pueden entrenar con actividades sencillas en casa y en el aula, pero cuando las dificultades son importantes o se mantienen en el tiempo, es fundamental contar con una valoración y un plan de intervención profesional.
Si sospechas que tu hijo puede tener dificultades en funciones ejecutivas, el siguiente paso razonable es pedir una cita en tu centro Anda Conmigo y valorar, con un equipo especializado, qué tipo de ayuda necesita: pautas para casa, programa grupal de Técnicas de Estudio y Funciones Ejecutivas, intervención individual… o una combinación de varios.
Ahí es donde un método estructurado y un equipo coordinado marcan la diferencia.

Pedagoga experta en atención temprana y autismo.
Coordinadora terapéutica centros Anda Conmigo.
En tu centro Anda Conmigo más cercano podemos evaluar sus funciones ejecutivas, explicarte qué está pasando y proponerte un plan de intervención realista para vuestra familia.
1. El juego de los colores



